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El proyecto se queda en casa

Agencias de traducción —y bufetes, universidades u otras mesas—. El proyecto vive en Argos.

Sede de la Oficina Europea de Patentes junto al Isar, en Múnich.
Oficina Europea de Patentes, Múnich. Fotografía: Flocci Nivis. CC BY 4.0. Wikimedia Commons.

Una agencia de traducción ya tiene el par y el tipo de texto. Lo que suele vivir fuera es el proyecto: quién encargó, a qué tarifa, en qué estado va el francés. Plantilla, hoja, correo, la cabeza de quien coordinó el martes. Argos junta eso en el mismo sitio que el motor y el fichero.

El mismo recorrido sirve si la mesa no es una agencia de traducción: un bufete, una universidad, una entidad estatal u otra agencia que traduce con regularidad. El proyecto no tiene que irse con un tercero.

Lo que duele no es solo el precio

En invenciones no publicadas y en fichas de producto, el documento es el activo. Si el estado del encargo vive en un circuito ajeno, quien ya sabe qué tipo de texto es no lo tiene en el sistema que traduce.

El motor de Argos es de ese par y de ese tipo de texto. Traduce. Después revisa el borrador con las reglas de ese material. Las dos pasadas ocurren sobre el proyecto. Un glosario del cliente es opcional: la IA se adapta al tipo de texto y mantiene una efectividad alta sin él.

El tipo de texto no es un detalle

Una reivindicación y un escrito jurídico no se revisan igual aunque el par sea EN → ES. Patentes, jurídico, prospectos, manuales: son ejemplos. Se da de alta el motor de ese material, cada uno con su texto de revisión. Puede haber más, a medida. En el encargo se elige el de ese documento. No es un prompt único para todos los encargos.

Qué no hay que esperar

No hay tarifas en esta web ni un porcentaje de ahorro. Argos no sustituye al agente de patentes. Evita que el estado del encargo viva en un correo o en una plantilla. El proyecto es vuestro.