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El encargo llega en un Word

El Word vuelve como Word. Tablas, numeración y notas se quedan. El proyecto de traducción empieza por no destrozar el fichero.

Estanterías de archivo llenas de cajas de documentos.
Cajas de archivo. Fotografía: Smallison. CC BY-SA 4.0. Wikimedia Commons.

Una agencia de traducción no recibe un repositorio. Recibe un .docx, a veces un .xlsx o un .pptx, a veces un paquete. Si se copia el texto fuera, se pierden tablas, numeración de reivindicaciones, notas. Si se traduce encima del archivo, la corrección de la página 2 no llega a la 40 y el recuento es una estimación de pasillo. El trabajo empieza por no destrozar el archivo.

Traducir y devolver el mismo documento

Argos trata Word, Excel y PowerPoint de modo que el fichero de salida es el de entrada, traducido: tablas, numeración y notas se quedan. El recuento de palabras —el que alimenta presupuesto y tarifa— sale de ese tratamiento, no de una estimación de pasillo.

Quien coordina no tiene que saber cómo se desmonta el archivo. Ve el documento que mandó y el documento que vuelve.

Lo que el fichero no dice

El documento no sabe si se paga por palabra o por hora, ni a qué tarifa, ni en qué estado va el francés. Eso es gestión. Un visor de DOCX no basta: el fichero es el centro del trabajo lingüístico; el proyecto es el centro de quien traduce por encargo. El TMS tiene que sostener los dos.